Entrevista a Pablo Carballal, autor de «Turista o residente» 31 de agosto de 2020 – Publicado en: Entrevistas – Etiquetas: , , , ,

Pablo Carballal es arquitecto. Vivió en cuatro ciudades diferentes en menos de cuatro años y de todas se llevó algo. Apuntando en su cuaderno sus impresiones y sensaciones, pudo comprender la diferencia entre ser un mero turista y el paso que supone ser residente. Esta obra nace de sus reflexiones a través de sus años en el extranjero mientras narra una historia humana y reconocible por todos: Turista o residente.

  • ¿Qué diferencia a un turista de un residente?

Para mi tiene que ver con la repetición. Tomar el mismo café en tal cafetería una y otra vez, recorrer el mismo trayecto para ir al trabajo cada mañana o ir a jugar al tenis todos los miércoles… Son privilegios exclusivos del residente, que le permiten acompasarse con el día a día de una ciudad y ordenar su relación con ella. Y esto es imposible para un turista. Hace poco he leído el libro “La desaparición de los rituales” de Byung-Chul Han, donde explica que los rituales (como las fiestas de aniversario o ir a misa los domingos), acondicionan el paso del tiempo, haciéndolo más habitable. Es una bonita idea, que me recuerda a cuando llegaba a sentirme residente (o habitante) de una ciudad a base de repetir estos “rituales de lo habitual”, como los llamo en el texto. La expresión la saqué de un disco que escuchaba mucho en los noventa, aunque luego he descubierto que “habitar” y “habitual” están relacionados etimológicamente. Creo que es la insistencia en esos rituales urbanos donde está la principal diferencia entre un residente, que ha entrado en resonancia con su ciudad, que la ha “hogarizado”, y un turista al que forzosamente se le escapan todas estas cosas.

  • En tu libro hablas mucho de las palabras que encontraste en tus viajes. Al leer tu obra, me surge la palabra Wanderlust, ese deseo irrefrenable de conocer mundo, ¿es lo que sentiste? ¿Por qué tantos cambios de residencia en poco tiempo?

No me identifico del todo con la idea de Wanderlust. En realidad, ir a cuatro ciudades en cuatro años manifiesta un deseo relativamente moderado de conocer mundo. Lo raro de mi caso fue que residí en esas cuatro ciudades en un periodo corto de tiempo. Lo que sentía era, más bien, un placer por verme residiendo un lugar nuevo, algo así como una “pasión por residir”, que, al parecer, se podría traducir como Bewohnenslust. Me relacionaba con mis compañeros de trabajo y no con alguien sentado junto a mí en el transiberiano. En cada ciudad trataba de montar una vida doméstica con mi pareja. Por ejemplo, en Londres nos compramos un perchero y en Roma una cafetera. La experiencia de alguien que se pasa cuatro años viajando por el mundo es muy diferente. Respecto a los cambios de ciudad, la verdad es que hubo razones profesionales concretas: en Nueva York no conseguí el visado, en Berlín se acabó el proyecto que estábamos haciendo en el estudio justo cuando me ofrecieron el trabajo en Roma. De Roma me fui porque el trabajo que me surgió en Londres me convenía más… Pero está claro que había una inquietud que me empujaba más a dejarme llevar por estas circunstancias que a confrontarlas. Me gusta pensar que la explicación está en esa palabra inventada, Bewohnenslust, el deseo de volver a sentirme como en casa en una ciudad desconocida.

  • Este libro es un homenaje a lugares donde viviste que, incluso, no te llegaron a gustar, ¿cuál es el lugar de residencia ideal para ti?

Una ciudad. La vida de pueblo o en el campo solo me tienta como contrapunto ocasional a una vida urbanita. Como dice un amigo: “donde esté una buena urbe…”. Para mí la ciudad ideal es la que consigue ser estimulante y a la vez guardar respeto por tu propio espacio. Pienso que, de las ciudades que he conocido, Madrid es la que mantiene el mejor equilibrio en este sentido, aunque no sea la ciudad más cosmopolita, ni la más bella, ni la más nada. Woody Allen dice que se pone nervioso si sale de Manhattan más de dos semanas. A mí me ha terminado pasando algo así con la M-30. Aunque he nacido aquí y no soy objetivo.

  • ¿Qué podemos aprender siendo turistas? ¿Y siendo residentes?

Lo que he aprendido como residente ha arruinado mi capacidad para disfrutar como turista de una ciudad nueva. Tras conocer la profundidad en la mirada que te aporta la residencia, o tras asistir a la transformación de las ciudades a lo largo de las estaciones del año, toda visita puntual a una ciudad me resulta una experiencia raquítica. Después de aquella época, he perdido la motivación por ver una ciudad por sí misma, y solo me ilusiona un turismo enfocado a ver algún contenido concreto que tenga esa ciudad (Florencia por el Renacimiento, Copenhague porque diseño muebles, Chicago para visitar la arquitectura de Wright…). Como residente, me ocurría lo contrario: lo específico que la ciudad contuviera daba un poco igual. Mis viejos planes de visitar Montevideo o Budapest se han apagado, porque me veo callejeando por ellas y pensando “no me estoy enterando de nada”. Es realmente frustrante. Y absurdo porque, por poco tiempo que uno pase en ellas, las ciudades siempre tienen algo que enseñar. Ojalá se me pase, pero llevo así desde que volví a Madrid hace siete años.

  • Nos ha gustado mucho cómo cuentas una historia, la tuya, sin contarla, a través de las ciudades. ¿Te has inspirado en algún relato de viajes o novela del género?

La forma del libro es consecuencia directa de su proceso de escritura. Siempre llevo encima pequeños cuadernos en los que dibujo o anoto ideas sueltas. Hace un par de años, me decidí a recopilar las notas sobre las ciudades en las que viví para intentar darles forma, los párrafos se fueron desarrollando, luego agrupando en capítulos, y, tras el trabajo conjunto con la editorial, el resultado es este pequeño libro. El grado de cohesión de un texto que ha surgido de esta manera es limitado, y pienso que es bueno que sea así, porque es honesto con su origen espontáneo. La primera vez que hablé sobre el texto con el editor, Álex Herrero, yo lo llamaba “variopinto”, y él “inclasificable”.

  • En Turista o residente predominan más las sensaciones y emociones que la simple narración. ¿Cuál es la sensación única que te llevas de cada uno de los lugares por los que pasaste?

Me gusta pensar que los lugares donde resides te retratan, porque te plantean dilemas ante los que te ves obligado a posicionarte. La sensación con la que me quedo es la de observar cómo te posiciones cada vez que la ciudad te obliga a hacerlo. 

Su obra Turista o residente puede conseguirse en nuestra web.