Periodismo y literatura: mellizos, pero no gemelos

Colección: Letra Volada

A raíz de la reciente publicación en Pie de Página de mi último libro, Retratos en la otra orilla, donde relato y expongo una serie de experiencias vividas por mí en Hispanoamérica durante más de medio siglo recorriendo aquellas lejanas tierras del otro lado del Atlántico con algunos de los personajes más identitarios de la cultura y el arte como Pablo Neruda, Chabuca Granda o Mario Benedetti, etnias remotas como los Kuna Yala en Panamá o los Tarahumara en México y lugares míticos como las Islas Galápagos o los Llanos de Venezuela, son varios los cronistas y críticos literarios (a quienes agradezco sinceramente sus reseñas) que han coincidido en destacar el estilo narrativo utilizado por mí, mezcla de periodismo y literatura. Observación muy acertada. Y conveniente, sobre todo cuando, como es el caso se trata de trasladar la inmediatez de actualidad que exige el periodismo a la universalidad y atemporalidad de un libro.

Es mucho lo escrito y debatido acerca de este tema. Pero si recurrimos a la esencia y origen de ambos oficios en el mundo de la escritura no resulta difícil diferenciarlos: la materia prima del periodismo son los hechos reales mientras que la literatura se mueve en el terreno de la ficción o, como mucho, en la recreación artística de la realidad. Así de fácil y de concreto. Esa es la síntesis.

Aunque a lo largo de la historia este debate haya dado pábulo a algunas originalidades y estrambotes por parte de algunos santones literarios que nunca se lo tomaron en serio. Uno de los más notables y aplaudidos lo protagonizó Oscar Wilde quien, preguntado a propósito del tema y haciendo uso de su proverbial sarcasmo respondió:

«La diferencia entre periodismo y literatura es que el periodismo no hay quien lo lea y la literatura no la lee nadie».

Más serio y acertado estuvo Cela en su respuesta que, de alguna forma más profesional y literaria y renunciando a su habitual retranca en estos casos respondió:

«El periodista es un escritor que debe escribir a contrarreloj sacrificando a menudo la reflexión profunda por la inmediatez del suceso».

Aquí queda claro los padecimientos de don Camilo como articulista incansable que fue durante tantos años en La Vanguardia, Arriba, El País y ABC donde su columna «El color de la mañana» se publicó diariamente de lunes a viernes hasta sus últimos días.

En cualquier caso y en mi opinión personal, que es la que se me demanda, ambos oficios son perfectamente compatibles y frecuentemente complementarios en el mundo de la escritura. Hijos de una misma vocación. La crónica, por ejemplo, es una especialidad híbrida del periodismo y la literatura. Así como se han escrito infinidad de libros en narrativa basados en el puro hecho periodístico —Noticia de un secuestro de Gabriel García Márquez, pongo por caso—. Y aún por las dudas, he acudido a la genética biológica como metáfora para definir la relación entre el periodismo y literatura: así como unos hermanos gemelos comparten el 100 % de su ADN, son siempre del mismo sexo y físicamente idénticos, los hermanos mellizos comparten solo el 50 %, pueden ser de distinto sexo y no son físicamente idénticos. Periodismo y literatura son hermanos mellizos, pero no gemelos.

Miguel de los Santos

Miguel de los Santos

Manuscrito enviado.
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