#ReferenciasPoéticas: «Faltar pudo su patria al grande Osuna»

Colección: Maresía

Inauguro aquí esta serie, creada para las «Anotaciones» de Pie de Página, con la intención de ir reuniendo y comentando algunas de las múltiples referencias poéticas que existen a nuestro alrededor y así demostrar que la poesía es algo que tenemos más cerca de lo que pensamos y de lo que se puede sacar mucho fruto.

Aunque ya tenía muchas referencias apuntadas, la primera que me apareció en esta nueva etapa fueron unos «afamados versos» que sin motivo aparente declama Miquis en El Doctor Centeno de Galdós:

Faltar pudo su patria al grande Osuna,
pero no a su defensa sus hazañas.

Corresponden al comienzo del soneto que Quevedo escribió como «memoria inmortal de Don Pedro Girón, Duque de Osuna, muerto en la prisión sin el reconocimiento debido».

En el poema, además de una difícil (aunque no original) rima entre «Vesubio», «diluvio» y «Danubio», se incluye el verso «y su epitafio la sangrienta luna», que, entre otros méritos, tiene el de haber entusiasmado a Borges. El autor argentino no solo lo citó como cierre de un soneto suyo dedicado a Quevedo:

bajas y sigues caminando triste,
sin recordar el verso que escribiste:
Y su epitafio la sangrienta luna,

sino que lo declaró «uno de los versos más memorables de la lengua española» en una de sus «Siete noches» (conferencias pronunciadas entre junio y agosto de 1977 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires), en concreto en la dedicada a «La poesía».

En esa charla comenta, verso a verso, el soneto de Osuna de Quevedo, pero también suelta cosas como esta:

Hay personas que sienten escasamente la poesía; generalmente se dedican a enseñarla. Yo creo sentir la poesía y creo no haberla enseñado; no he enseñado el amor de tal texto, de tal otro: he enseñado a mis estudiantes a que quieran la literatura, a que vean en la literatura una forma de felicidad. Soy casi incapaz de pensamiento abstracto, ustedes habrán notado que estoy continuamente apoyándome en citas y recuerdos.

Sobre el verso de «la sangrienta luna» en cuestión, afirma, entre otras cosas, que es feliz porque es ambiguo: hace referencia al pabellón de los turcos, sí, pero también a «la luna sangrienta que figura en el Apocalipsis, […] la luna debidamente roja sobre el campo de batalla». Y sobre el soneto más adelante dice que es una de las admirables poesías castellanas que Menéndez Pelayo incluyó entre Las cien mejores… junto con otras como la «“Epístola” del Anónimo Sevillano» (es decir, la más que recomendable Epístola moral a Fabio de Andrés Fernández de Andrada). Se queja, en cambio, de «Ande yo caliente, y ríase la gente»: «Si ésa es una de las mejores poesías castellanas, nos preguntamos cómo serán las no mejores».

Más allá de los gustos personales, hemos visto aquí cómo unos versos de Quevedo citados en una novela de Galdós nos han llevado a Borges y a un texto que, aunque algo confuso, es muy útil para entender que la literatura da mucha felicidad cuando la amamos, y que es necesaria la sensibilidad para descubrir que, como también dice Borges,

la belleza está en todas partes, quizá en cada momento de nuestra vida.

Espero que esta serie de #ReferenciasPoéticas que hoy comienza contribuya a demostrarlo.

Juan Romeu, director de Maresía (Pie de Página)

Juan Romeu

Manuscrito enviado.
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