Borges y la traducción: la infidelidad creativa

Jorge Luis Borges (1899–1986) fue un famoso poeta, ensayista y escritor argentino entre cuyas obras destacan las antologías de cuentos El Aleph y Ficciones, ambas de temática fantástica.

Sin embargo, su labor como traductor, que inició a los nueve años con El príncipe feliz de Oscar Wilde y continuó hasta los 84 años, también ha dado mucho de qué hablar debido a sus inusuales métodos. Borges creó el «principio de la infidelidad feliz y creativa», el cual dictaba que hay que centrarse más en mantener el significado que la forma o los detalles. Para él, la traducción no se trataba solo de pasar una obra de una lengua a otra, sino que se debían mantener algunos aspectos, pero también requería de cambios en el texto como eliminar ciertos elementos que veía prescindibles por ser confusos u oscuros. De hecho, consideraba que estas modificaciones podían hacer que la traducción mejorase el texto original y las valoraba en función de su calidad literaria en lugar de cuán fieles eran estas a la obra original.

A la hora de traducir, el argentino hacía uso de cinco estrategias que creía necesarias para obtener un texto de calidad:

  1. Eliminar las redundancias.
  2. Omitir las «distracciones textuales».
  3. Añadir matices, como cambiar el título.
  4. Reescribir una obra a la luz de otra.
  5. Incluir una traducción literal en una de sus propias obras, es decir, la escritura creativa.

Son estas técnicas el motivo por el cual se ha cuestionado la fidelidad de sus versiones a las obras originales y su labor como traductor ha sido tan criticada, pues el autor omitía en sus traducciones ciertos detalles o, en algunos casos, incluso fragmentos extensos del texto original, además de realizar cambios —en ocasiones significativos— en el contenido de los textos.

Uno de los casos más sonados es el de su traducción de Orlando. Una biografía (1928), de Virginia Woolf. La obra sigue a un joven aristócrata de la corte de Isabel I de Inglaterra que un día amanece transformado en mujer y, poco a poco, va aceptando su nueva identidad. La autora se sirve de esta premisa, inspirada en su amiga y amante Vita Sackville-West, para tratar cuestiones de homosexualidad y el papel de la mujer en aquella época con las dificultades que sufrían quienes no se adecuaban al molde impuesto por la sociedad.

Han sido muchos los estudios que en los últimos años han analizado la traducción de Borges de esta obra y argumentan que, a pesar de ser en la superficie una buena traducción de una novela con elementos fantásticos, las cuestiones de género y el mensaje feminista, plasmados por Woolf de manera sutil en la versión en inglés, no se ven reflejados de la misma forma en la versión borgiana. Aunque estas modificaciones puedan parecer insignificantes a primera vista, hay que tener en cuenta que las omisiones y los cambios de estilo resultan en un texto meta un 27 % más breve que la obra de partida en cuanto al número de palabras, a pesar de que las traducciones al español de obras en inglés suelen ser, por norma, más extensas que el texto del que parten. 

Un ejemplo que demuestra bien la relevancia de estas modificaciones es la traducción de la frase «Many people, taking this into account, and holding that such a change of sex is against nature» que Borges tradujo como «Muchas personas, en vista de lo anterior, y de que tales cambios de sexo son anormales». Se ha señalado en múltiples ocasiones cómo, mientras que en la versión en inglés se da a entender que el cambio de sexo como algo antinatural es la opinión de algunas personas, en la traducción al español hay una diferencia de matiz que presenta esto como un hecho.

Otro pasaje pertinente es aquel en el que Woolf dice «His memory —but in future we must, for convention’s sake, say ‘her’ for ‘his’, and ‘she’ for ‘he’— her memory then, went back through all the events of her past life without encountering any obstacle». En este caso, Borges suprimió el inciso traduciendo la frase como «Su memoria podía remontar sin obstáculos el curso de su vida pasada». En la frase original, la autora utilizaba ese inciso para criticar la hegemonía masculina desde la feminidad, pero esto se pierde en la versión borgiana, que deja a un lado la interpretación feminista.

¿Era Borges, entonces, un buen traductor? Eso dependerá del criterio de cada persona. Lo que no podemos olvidar es que la labor de un traductor consiste en crear un puente entre dos lenguas para que los lectores puedan disfrutar de la obra original en otro idioma, pero esta no puede verse condicionada por la opinión, ideología o interpretación personal del traductor, pues en tal caso se podría decir que nos encontramos  más bien ante una adaptación o reescritura que ante una traducción.

Helena Rodrigo

Bibliografía:

Anisa, Carmen. «Orlando: Borges lee a Virginia Woolf». De nada puedo ver el todo, 1 marzo 2015. https://denadapuedovereltodo.blogspot.com/2015/03/orlando-borges-lee-virginia-woolf.html.

Badenes, Guillermo, and Josefina Coisson. «Woolf, Borges y Orlando. La manipulación antes del manipulacionismo». Mutatis Mutandis, vol. 4, nº 1, 2011, pp. 25–37. 

Calle Orozco, Jhony Alexander. «Cuestiones de género en la obra Orlando, de Virginia Woolf y su traducción al español por Jorge Luis Borges: ¿Un compromiso ético o ideológico?». Forma y Función, Universidad de Antioquía, vol. 28, n.º 2, diciembre 2015, pp. 63–81. 

«¿Creatividad o fidelidad? La traducción según Borges y Rabassa». El estante literario. https://elestanteliterario.com/blog/creatividad-o-fidelidad-traduccion-borges-rabassa/.

Kristal, Efraín. «Borges y la traducción». Lexis, University of California, Los Angeles, XXIII, n.º 1, 1999, pp. 3–23. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.