Durante décadas, los consultorios sentimentales de revistas y programas de radio han funcionado como una escuela informal para la vida (habitualmente de las mujeres). No nos enseñaban solo a resolver problemas amorosos, sino a entender qué era el amor, qué se esperaba de una mujer y hasta dónde podía llegar su deseo. Bajo la apariencia de ayuda y escucha, establecían unas normas afines a una moral conservadora.

El caso más conocido es el de Elena Francis, consultora radiofónica activa entre 1947 y 1984. Su voz y su nombre eran conocidos por todo un país, pero era todo una ilusión: detrás del personaje creado por Francisca Bes se encontraba un equipo de guionistas, médicos y moralistas —en su mayoría hombres, sobre todo, Juan Soto Viñolo, patrocinados por los laboratorios Francis— que dictaban cómo debía comportarse una mujer decente. Las respuestas promovían la paciencia, el sacrificio y la resignación. La violencia machista se minimizaba, la culpa recaía en quien preguntaba y el matrimonio aparecía como destino inevitable. El consultorio no cuestionaba el sistema: enseñaba a sobrevivir dentro de él.

Con la llegada de la democracia, el consultorio dejó de emitirse. En los últimos años, posteriores a la Constitución del 78, las lectoras seguía confesándole su intimidad a una autoridad que respondía desde arriba y que cambió la moral explícita por un lenguaje más psicológico.

Ya a final de los años 90 y a principios de los 2000, algunas revistas como Superpop, Bravo o, más tarde, Loka trasladaron el consultorio al público adolescente (de nuevo, predominantemente femenino). El formato era colorido y aparentemente moderno. Las respuestas usaban un tono de hermana mayor, cercana y cómplice. Sin embargo, los mensajes seguían marcando límites claros: preocuparse por gustar, no mostrarse demasiado disponible, competir con otras chicas, colocar al chico en el centro. Al igual que en el caso de Elena Francis, abundaban los consejos sobre belleza y relaciones sentimentales.

Durante años, generaciones de adolescentes mandaron cartas donde expresaban sus inquietudes, pedían consejos y se dejaban guiar por un equipo de guionistas que iban marcando la tendencia según les interesara (a ellos y a las marcas que aparecían en sus páginas). Consejos, test de compatibilidad y trucos eran el día a día en los institutos de todo el país.

Dentro de esta tradición histórica, Mari Tilde, el alter ego de la escritora Cris Planchuelo, es un oasis-consultorio marcado por el entretenimiento y el conocimiento, aportando un enfoque nuevo: es un consultorio sentimental… y ortográfico. A través de casos similares a los que se planteaban en los consultorios de radio o de las revistas, Mari Tilde te resuelve la vida a la par que te enseña a escribir mejor y más bonito. Recientemente, la editorial Pie de Página ha publicado en Mari Tilde, un consultorio ortográfico-sentimental una recopilación de algunos de sus casos más divertidos y edificantes para disfrute del lector, que Planchuelo escribió durante años para el blog de Cálamo & Cran, donde da clase.

En ese sentido, y al contrario que los consultorios anteriores, este ensayo no solo responde a dilemas sentimentales, sino también a dudas ortográficas y errores habituales del español. El amor y la lengua aparecen así como territorios igual de frágiles y aprendidos, llenos de tropiezos, inseguridades y normas no siempre evidentes. Mari Tilde no dicta cómo vivir ni cómo sentir, pero sí invita a escribir mejor y a pensar lo que decimos.

Mock up Mari Tilde

Manuscrito enviado.
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