Entrevista a Ana Cabanes por la traducción de «En la cuerda floja»

Aquí os traemos una entrevista que, nos parece, es de las más interesantes que hemos realizado. A través de las palabras de Ana Cabanes, traductora de En la cuerda floja, nos acercamos al trabajo del traductor y podemos conocer lo interesante que es. ¿Cómo se enfrenta un profesional a la traducción de un libro que trata, precisamente, sobre la labor del traductor? Sigue leyendo para descubrirlo:

La primera pregunta es casi un juego de metaliteratura, pero ¿qué desafíos encontraste al
traducir un libro que trata sobre las dificultades de la traducción?


Uno de los principales desafíos fue reflejar las complejidades y matices de la traducción que Anna,
la autora, describía ya que no solo se trata de traducir palabras, sino de capturar las reflexiones y las
dificultades inherentes al proceso de traducción y sobre este mismo. Además, para mí, como la
lengua origen de la obra es el inglés, el mayor desafío de esta traducción fue tratar de saber cuándo
se está comparando otra lengua con el inglés simplemente porque es la lengua en la que se escribe
el texto y cuándo se compara con el inglés porque realmente se está buscando destacar o hablar de
ciertos matices de la lengua inglesa; si se daba el primer caso entonces decidía traducirlo y si se
daba el segundo entonces decidía mantener el inglés o dar alguna explicación.


¿Cómo manejaste los conceptos específicos de la traducción que podrían no tener equivalentes
directos en castellano?


Dependiendo del concepto y su contexto dentro del texto utilicé distintas estrategias: primero,
investigaba extensivamente para encontrar términos o expresiones que se aproximaran al
significado original y si no había equivalentes directos, opté por explicar brevemente el concepto
dentro del propio texto, intentando siempre mantener la fluidez y coherencia del mismo sin alterar
demasiado el estilo de la autora.


¿Hubo alguna parte del libro que resultara especialmente difícil de traducir? ¿Cómo la
abordaste?


Una de las partes más difíciles fue cada vez que se trataba el tema de los juegos de palabras y
dobles sentidos en el idioma original, así como los lipogramas. Para abordar todo esto, tuve que
intentar ser bastante creativa y buscar alternativas que conservaran el espíritu del juego de palabras
en castellano, aunque a veces esto implicara modificar ligeramente el contenido para que funcionara
en el nuevo idioma.


¿Cómo te aseguraste de mantener la voz y el estilo de la autora original en la traducción al
castellano? ¿Y cómo definirías ese estilo?


Para mantener su voz y estilo, leí la obra original por completo antes siquiera de empezar a traducir
para familiarizarme con su forma de escribir. A mi parecer el estilo de Anna es reflexivo, detallado,
y suele incorporar un toque de ironía. Intenté replicar todos estos elementos en mi traducción,
tratando de que el texto en castellano tuviera el mismo tono y ritmo que el original.


¿Qué diferencias culturales tuviste que considerar al traducir este libro para un público
hispanohablante?


Aunque la gran mayoría de referencias eran históricas, que es algo bastante universal, tuve que
tener en cuenta varias diferencias culturales, especialmente en lo que respecta a referencias literarias
y contextuales que eran específicas del público original. Algunas referencias necesitaban adaptarse
o explicarse para que tuvieran sentido para el lector hispanohablante, sin perder el significado y la
intención del texto original.

¿Consultaste a la autora durante el proceso de traducción? ¿Cómo fue esa colaboración?


No tuve la necesidad de consultarle nada, por lo que no hubo mucha colaboración, pero no dudo en
que me hubiera ayudado en todo lo que hubiera necesitado.


¿Qué parte del proceso de traducción encontraste más gratificante y por qué?


Precisamente son las partes más difíciles las que luego encontré más gratificantes, por ejemplo,
como ya he mencionado anteriormente traducir los lipogramas o juegos de palabras me costó
muchísimo, pero una vez se me ocurrieron las palabras adecuadas en el idioma meta es lo que más
satisfacción me dio. Además, sentir que estaba contribuyendo a que más personas pudieran acceder
y disfrutar de la obra fue también una gran satisfacción.


¿Hay algo nuevo que hayas aprendido sobre la traducción al trabajar en este libro en
particular?


Muchas de las historias que Anna relata eran completamente desconocidas para mí, así que aprendí
bastante sobre la historia de la traducción y de la profesión del traductor en particular. También
reforcé la idea de que la traducción es tanto un arte como una ciencia, que requiere no solo
conocimiento lingüístico, sino también creatividad y sensibilidad cultural.


¿Cómo crees que este libro puede ayudar a otros traductores y escritores hispanohablantes?


Como se suele decir, la historia muchas veces se repite, por lo que creo que el libro puede ser una
herramienta valiosa para otros traductores porque ofrece una mirada profunda y honesta sobre los
desafíos de nuestro oficio y todo lo que se han esforzado muchos otros profesionales antes que
nosotros.


Para finalizar, ¿qué consejo darías a otros traductores que se enfrenten a proyectos similares
en el futuro?


Que consulten muchas fuentes y que tengan mucha paciencia para entender bien la obra original, si
hay que traducir un chiste o un poema y justo un día no se te ocurre nada, es mejor pasar a lo
siguiente y volver atrás en otro momento; además, es crucial tener una mente abierta y flexible,
estar dispuesto a investigar y aprender continuamente.