Entrevista a Anna Aslanyan por la publicación de «En la cuerda floja»

Estamos muy ilusionados por el anuncio que hacemos hoy. En la cuerda floja es un libro en el que llevamos trabajando mucho tiempo y que hoy presentamos ante todos vosotros. Se trata de un éxito internacional que aborda los problemas de la traducción y la interpretación a lo largo de la historia y que traemos a España con una traducción impecable de Ana Cabanes. Esta es la primera de dos entrevistas que os ofrecemos con motivo de este lanzamiento, aquí conoceréis a la autora y todo lo que le motivó a escribir el libro que os ofrecemos.

La primera pregunta, casi obligatoria, es ¿qué te impulsó a escribir un libro sobre los distintos problemas de la traducción?

Fue sugerencia de mi editor de Profile Books, quien me preguntó si me gustaría escribir sobre el tema, y tras meditarlo un poco, me embarqué en el proyecto.

¿Y de dónde viene ese interés especial por vincular la traducción a la historia?

El arte de la traducción es tan antiguo como la lengua misma. Pensar en sus aspectos atemporales me hizo querer saber más, ya que, al fin y al cabo, lo que hacen hoy los traductores no es tan distinto de lo que hacían nuestros predecesores.

¿Cómo comenzó la investigación de este tema para el libro?

Fui a la Biblioteca Británica y leí varias fuentes, cualquier cosa que mencionara la traducción de alguna forma, aunque fuera de pasada. Entonces me di cuenta de que tenía que empezar a escribir el libro cuanto antes para cumplir con la fecha de entrega.

¿Cuáles son algunos de los momentos históricos más significativos en los que la traducción ha desempeñado un papel crucial? ¿Cuáles destacarías de todos los que mencionas en el libro?

Los traductores e intérpretes fueron los héroes a la sombra de los Juicios de Núremberg. En el primero de ellos, treinta y seis intérpretes trabajaron bajo una enorme presión, apenas incapaces de distanciarse por completo de los horrores relatados en la sala. Sin ellos, habría sido imposible procesar a los criminales nazis con justicia y sin ninguna demora. Los intérpretes ayudaron a impartir justicia en cuatro idiomas, para que así todo el mundo los oyera.

Al leer el libro, aunque uno ya se lo imagina, me viene a la cabeza la siguiente pregunta: ¿qué papel desempeñan los traductores en las negociaciones y tratados internacionales?

El mismo que desempeñan en cualquier otro intercambio multilingüe: traducen, naturalmente, pero también desglosan, reformulan, contextualizan y hacen mucho más, cualquier cosa para que las partes se entiendan.

El libro cuenta ya con varios ejemplos muy bien relatados, pero para el futuro lector, ¿podrías compartir un ejemplo en el que un error de traducción haya tenido importantes consecuencias diplomáticas?

En julio de 1945, la Oficina de Información de Guerra de Washington emitió la Proclamación de Potsdam, en la que se exigía que Japón se rindiera a los Aliados. Cuando Japón hizo una declaración en la que daba poca importancia a aquel documento sin rechazar sus términos, una frase que pretendía significar «sin formular ningún comentario» se tradujo en la prensa estadounidense como «ignorarlo» y «tratarlo con silencioso desprecio». Deliberada o no, aquella mala traducción allanó el camino para la destrucción de Hiroshima.

¿Cómo ha evolucionado la traducción a lo largo de la historia (especialmente en contextos diplomáticos)? Si es que ha habido alguna evolución…

Hoy en día es poco probable que un intérprete asista a una cumbre con un gorro de piel y una capa carmesí (el atuendo oficial de los dragomanes1 en tiempos del Imperio otomano). También es menos probable que intervengan en los procesos judiciales. Por lo demás, lo esencial no ha cambiado: los diplomáticos hablan y los intérpretes traducen lo mejor que pueden.

¿A qué retos se enfrentan los traductores hoy en día?

A los mismos de siempre: lingüísticos, éticos, económicos, interpersonales, etc. Y hablando de acontecimientos recientes, el mayor reto de la actualidad es el auge de la IA. ¿Acabaremos siendo prescindibles? La respuesta está en el último capítulo del libro.

¿Y qué papel crees que desempeñarán los traductores en el futuro de las relaciones internacionales? Sobre todo, teniendo en cuenta los tiempos turbulentos en los que vivimos.

Una vez más, la respuesta está en el texto. Es que si doy más detalles, acabo destripando el libro.

¿Hubo algún descubrimiento sorprendente, o que te llamara especialmente la atención mientras investigabas para escribir este libro?

Me sorprendió saber que la definición de traducción de John Dryden («es como bailar sobre unas cuerdas con las piernas encadenadas») sigue siendo, a pesar de tener casi trescientos cincuenta años, una forma adecuada de describir la práctica.

¿Cuál es el principal mensaje que esperas que los lectores saquen del libro?

No existe la traducción palabra por palabra.

Por último, ¿hay algún aspecto de la traducción, de todos los que tratas en el libro, que creas que el público general sigue subestimando o malinterpretando?

Por increíble que parezca, lo mencionado en la anterior respuesta, que las cosas nunca pueden traducirse literalmente, es algo muy poco comprendido. Veremos si este libro puede cambiarlo. 

  1. Equivalente a trujamán. ↩︎