Entrevista a Cris Planchuelo, autora de «El increíble caso del apóstrofo infiltrado»

«El libro encantará a quienes odian la ortografía».

Cris Plancuelo es pedagoga y comunicadora. Ha trabajado como redactora en diferentes medios de comunicación y acaba de publicar su primer libro El increíble caso del apóstrofo infiltrado.

¿Cómo se te ocurrió escribir este libro?

Yo escribía algunas tonterías sobre ortografía en el blog de Cálamo & Cran, donde doy clase, y un día a mi amigo Alberto Gómez Font, autor de varias obras de la editorial Pie de Página, se le ocurrió decirme que podría escribirlas también en un libro. Cuando se recompuso muy educadamente de mi sonora carcajada, insistió ‒también muy educadamente‒ y no pude decirle que no. Soy muy vulnerable a las buenas maneras. 

¿Así de fácil?

No, claro. Entregué mi primer capítulo y Gloria Gil, coeditora de Pie de Página, me hizo cambiarlo todo ‒yo creo que no le gustó nada‒ y me propuso que creara un protagonista que apareciera en todos los relatos; que diseñara unos pasatiempos que, una vez resueltos, ampliaran la historia; que los capítulos fueran mucho más cortos… Me dieron ganas de meter a Gloria en una hormigonera en marcha, pero me contuve e hice lo que me pidió. Para mi sorpresa salió bien. Entonces aprendí que es bueno no ceder a los primeros impulsos…

¿A quién crees que puede ir dirigido tu libro?

El libro encantará a quienes odian la ortografía porque está escrito justamente para conseguir que les guste. También a los que la aman porque se lo van a pasar muy bien riéndose de mis meteduras de pata de escritora novata. Y no pueden faltar quienes no saben qué hacer con su tiempo libre y deciden dedicar un rato a leer algo deleitante que además les instruya. Y creo que les quitará mucho trabajo a los profesores de Lengua.

¿Qué hay de Cris Planchuelo en la protagonista, Leo Ibáñez?

La protagonista está inspirada en una amiga que… Bueno, no, venga: Leo Ibáñez soy yo, lo reconozco; con algunas fantasías que he introducido para dar más emoción a las tramas, pero la superagente soy yo. Todo comenzó una noche de verano, cuando me tomé un salmorejo caducado. Me sentó mal y empecé a transformarme en una correctora compulsiva con un lápiz rojo que apareció en mi mano de forma espontánea. Tuve que salir por el barrio a corregir aquí y allá, luego fui ampliando mi campo de acción… y desde entonces no he parado, aunque ahora administro mi obsesión bastante bien y puedo ajustarme a un horario y cobrar por ello.

¿Crees que tu libro pertenece a un género nuevo, algo así como la lingüística-ficción?

Pues, como te he contado, ficción, ficción no es ya que se trata de algo muy autobiográfico, mi día a día de supercorrectora, pero lingüístico sí porque habla de algunas normas ortográficas. Y nuevo…, a lo mejor también porque yo no he leído nunca nada como esto ‒y dedico mucho tiempo a leer, no creas‒.

¿Estás pensando en nuevos proyectos?

Mi próximo proyecto es que las editoriales me paguen por no escribir y que mis alumnos me paguen por no darles clases. Y no sé si será pedir demasiado, pero también quisiera que algún ministerio me diese alguna beca vitalicia para leer mucho, todos los días, varias horas, fines de semana incluidos. Tal vez me vuelva perezosa a causa de una vida tan sedentaria, lo sé, pero el amor a los libros es así: no teme las consecuencias. ¿Vas a preguntarme algo más? Porque estoy viendo en ese cartel de la esquina una tilde incorrecta en Construido que…

2 comentarios

  1. Cristina es una excelente escritora, se nota, además, que es pedagoga en su esmero por transmitir de manera didáctica, sin aburrir así como por su capacidad empática. Enhorabuena

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