Entrevista a David Araújo por el lanzamiento de «Tú dices… Bécquer decía…»

En general, se asocia la poesía con un tono elevado y un uso de palabras cultas, lo que muchas veces se ve como algo negativo que convierte a la poesía en un género críptico solo apto para eruditos. En la colección Maresía queremos cambiar esa idea y demostrar que la buena poesía no es la que utiliza elevadas palabras para ocultar, sino la que lo hace para engrandecer lo dicho, lo que no está reñido con la comprensibilidad. En esa línea va el nuevo libro de esta colección, Tú dices… Bécquer decía, de David Araújo.

Desde hace un tiempo, Twitter se ha convertido en el espacio en el que has «traducido» a la lengua del siglo XXI grandes fragmentos de nuestra literatura con la fórmula «Tú dices… Tal poeta decía…». ¿Cómo surgió esta idea?

Más que traducir he comparado, porque, en primer lugar, traducir es un arte complejo, a bastante distancia de este ejercicio de aquí, que, como mucho, intenta establecer paralelismos; además, estamos hablando de la misma lengua y la mayor parte de los textos son expresiones que tendrían cabida en cualquier fragmento moderno, solo que, como es lógico, en un registro poético o literario esas expresiones son más elaboradas; por otro lado, la intención no es buscar una correspondencia exacta, sino que a veces lo que se pretende reflejar son matices de pensamiento o llamar la atención sobre la importancia que en algún momento se le daba a unas ideas o comportamientos respecto a otros, de esas pequeñas variaciones en la manera de ver las cosas, como puede ser, por ejemplo, en el galanteo: esos rodeos, ese circunloquio verbal (valga la redundancia) en el proceder, eran también un reflejo en las vueltas que había que darle al proceso en sí, pues un acercamiento demasiado directo en ciertos momentos podía considerarse una falta de decoro, como mínimo.

¿Cómo es el proceso? ¿Te lleva mucho tiempo encontrar el fragmento idóneo?

Básicamente se trata de, en los momentos que estás leyendo algo que te llega, pararte a disfrutar de ese párrafo y, si te llama la atención el contraste expresivo con la forma coloquial, pues hacerlo constar. Es algo que surge cuando lees en casa y le comentas a tu mujer, por ejemplo, «pero, por Dios, mira qué manera tenía Quevedo de decir “nos quedan dos telediarios”». Como hoy, para bien y para mal, tenemos la tendencia a publicar en redes cualquier cosa que nos llame la atención, pues así fue surgiendo la cosa y haciéndose un poco más pública y, ya que estábamos, intenté hacer algún que otro hilo, para mí mismo también, para, si en un momento dado quería recordar lo que me había llamado la atención de una frase de Pardo Bazán y qué me había sugerido, poder acudir ahí a recordarlo.

¿Qué es lo más complicado de esta forma tan ingeniosa de mostrar lo poético del idioma de la calle?  

Sinceramente, no me parece tan ingeniosa. Me gusta leer, me gusta publicar en redes sociales e interactuar y quizá de ahí salió algo en redes un poco más recurrente, una fórmula más repetida, o, si me apuras, una forma a veces de dar la lata con lo mismo, pero que, obviamente, otras personas hacen porque leer es eso, es interpretar en algún nivel, más o menos consciente, a nuestra visión y expresión actual y propia lo que otros cuentan. No paramos de hacerlo: no hay más que pensar en cuando explicas lo que te ha dicho el médico, que no repites la jerga clínica y propia de la conversación doctor-paciente, sino que la adaptas a la jerga amigo-amigo. Hay más gente que pone y ponía antes de que yo lo hiciera tuits en el mismo sentido, por supuesto, pero a lo mejor yo he perseverado, incluso machaconamente, en esta fórmula. A mucha gente le ha gustado, pero supongo que también habrá otros que pensarán «qué pesado el tío este con los tuits de marras» o, como diría Cervantes, «¡Jesús, y qué enfadoso animal!».

Échale un poco de imaginación. ¿A qué autores clásicos crees que les gustaría esta manera de acercar la poesía a la gente? ¿Por qué?

Pues no lo sé, pero siempre ha habido autores clásicos que desde su escritura se fijaron en la relación entre lo elevado, lo culto, por un lado y la claridad de expresión (que tampoco es incompatible con lo anterior) por otro. Don Quijote (Cervantes, quizá) se queja en varias ocasiones de la vanilocuencia de Sancho: «Habla, por tu vida, a lo moderno, y de modo que te entienda, y no te encarames donde no te alcanza»; el Barroco literario, por otra parte, en esa búsqueda de la originalidad en la expresión, se fue retorciendo de tal manera que se acabó asfixiando y los autores acabaron atragantados con la oscuridad de los conceptos, hasta el punto de que fueron más objeto de mofa que una persona con limitaciones expresivas. La lengua, por supuesto, pero también la literatura, se autorregulan de manera que haya un equilibrio entre lo estético, lo que deleita, y lo útil, lo práctico a niveles comunicativos. Podríamos decir que respecto a la claridad de expresión, en sus anhelos por distinguirse, la poesía aprieta, pero nunca ahoga.

En Tú dices… Bécquer decía… has recopilado y comentado algunos de tus mejores tuits publicados en la cuenta @chuzodepunta. ¿Ha sido fácil la selección?

Pues he contado con la inestimable ayuda para esa tarea de Juan Romeu, que, además de ser alguien que entiende mucho de poesía, me da la confianza que siempre da la perspectiva ajena. He dejado muchos tuits que a mí particularmente me encantan, pero que tenían más difícil encuadre en los temas en los que hemos concluido que podía organizarse el grueso de los tuits o que eran difíciles de encajar para mantener la coherencia en el hilo explicativo.

¿Tienes alguna expresión cotidiana favorita?

Las expresiones cotidianas que se mantienen en el tiempo normalmente lo hacen porque son una genialidad expresiva, aunque no nos demos cuenta porque no reparamos en ellos. Hacer la cobra, por ejemplo, si hubiera salido de la pluma de Garcilaso sería poco menos que considerada una imagen genial. Son muchísimas que, además de tener sonoridad, tienen una precisión que las acaba haciendo indispensables. Ser un borde es ser antipático, pero borde aporta ciertos matices, creo yo, o no tiene muchas luces es un eufemismo preciso; y, aunque muchas sean zafias, todo lo referente a lo erótico-festivo, que enseguida se desgasta por el uso, y se renuevan, porque es un campo dado a la chanza, al eufemismo y, en definitiva, a la creatividad. Está muy muy infravalorado el ingenio de los hablantes, individualmente, porque alguien tiene que ser el primero que se saca de la manga una expresión, por ejemplo, y colectivamente, para mantenerla, prestigiarla, mejorarla, etc.

¿Cómo dirían nuestros autores clásicos algunas de las frases que has mencionado?

Pues no tiene muchas luces, que además muchas veces es la frase que sigue a alguien que está de buen ver (otra maravilla de expresión, por cierto, de buen ver), ya que anda que no habremos oído veces lo de «está bueno, pero no tiene muchas luces» sería para el marqués de Santillana un «La beldat e fermosura loaría, si las viese en compañía de cordura». 

¿A quién crees que le va a encantar Tú dices… Bécquer decía…?

A mi madre, a mi abuela y a mi mujer, qué remedio les queda. Y a mí, a mí me ha gustado mucho, porque mientras estaba en ello valoraba un poquito más lo enriquecedor que es, independientemente de tu nivel, rodearse de poesía y literatura, y sobre todo intentar encontrar lo poético, lo literario en el lenguaje en sí. Con que a alguna persona le gustara algún fragmento que no conociera, o un punto de vista sobre el lenguaje, yo estaría muy satisfecho porque todo lo que contribuya a crear adhesión o simpatía, por pequeña que sea, hacia la poesía contribuye, creo, a mejorarnos.