Entrevista a Gabriela Velázquez por el lanzamiento de «Cuando desaparecimos del mapa»

Nuestra colección Tinta Negra está de celebración. Esta serie, que hasta el momento nos ha regalado grandes historias, aumenta con una novela de las que te permiten desconectar. De esas que hacen a tu mente volar y alejarse durante un tiempo de nuestra realidad diaria. Cuando desaparecimos del mapa hace referencia a una «pequeña aldea laberíntica de casas blancas y azules», cuyos habitantes transitan el día a día con entusiasmo, sin sobresaltos, hasta que diferentes hechos los van sacando de su cotidianeidad. Hablamos con Gabriela Velázquez, su autora:

¿Qué sientes al publicar tu primera novela?

Siento muchas cosas, pero sobre todo emoción. ¡Es un sueño cumplido que tenía desde pequeña!

Empezaste a escribir historias cuando eras muy pequeña. Después de un tiempo alejada del camino literario, decidiste retomarlo en 2017. ¿Cuál fue el impulso?

Desde pequeña siempre había escrito relatos y no conseguía escribir nada más largo. Me parecía muy difícil abordar una historia con más personajes, con una trama principal y subtramas… Realmente no me veía capaz hasta que, en 2017, todo cuadró para que nuevamente le dedicara tiempo a la escritura. Entonces, decidí probar. Se puede decir que el impulso fue intentar superarme.

¿De dónde emerge la idea de Cuando desaparecimos del mapa?

De pequeña, mi mamá solía contarme algunas anécdotas de su vida, de cuando era pequeña y vivía en el campo y no tenía zapatos; de cuando era adolescente y empezaron los romances; de cuando emigró de Sicilia a Argentina en un barco gigante y estuvo dos meses en el océano… Me encantaban esas historias y disfrutaba mucho escuchándolas una y otra vez. Un día, decidí apuntarlas para no olvidarme de ellas ni perder los detalles… y, de pronto, me encontré escribiendo un relato.

El resultado me gustó mucho, tanto que me quedé dándole vueltas: sentía que esa historia debía ser el inicio de algo más. Así fue como ese relato se convirtió en el primer capítulo de Cuando desaparecimos del mapa y en el detonante para hilar el resto de las anécdotas que tantas veces había escuchado a mi madre.

Es muy llamativo el uso de la primera persona del plural como voz narrativa principal. ¿Qué querías transmitir en concreto?

Cuando empecé la novela, recordé muchos de los consejos que Nora Abate, mi profesora de taller literario, nos daba en las clases. Entre esos consejos, siempre hacía mucho hincapié en que recordáramos que podíamos contar las historias en primera o en tercera persona, pero que también estaba el , el nosotros… y nos invitaba a experimentar, a jugar con esas posibilidades.

Entonces, quise darle un toque original a la novela y ese toque fue jugar con la voz narrativa principal. Probé y me gustó. No era fácil mantener la unidad, pero el reto me divertía y perseveré hasta escribirla toda en primera persona del plural.

También llama la atención la capacidad de mostrar lo irreal e incluso extraño como algo completamente cotidiano que hace que el lector entre con mucha facilidad en la vida de esos personajes. ¿Cómo se consigue esto?

Aquí, de nuevo, tienen mucho que ver mi mamá y Nora.

Por una parte, a lo largo de mi infancia, cuando sucedía algo bueno o algo malo en casa y esa situación parecía no tener explicación, mi madre, sin vacilar, siempre daba una desde la superstición o la religión: para una desgracia solía decir «que el diablo había metido la cola»; si pasaba algo bueno, le encendía velas a la Virgen y estaba segura de que había sido su «infinita benevolencia». Al final, la superstición y la religión se mezclaban en mi día a día, eran algo cotidiano para mí…

Por la otra, Nora nos mostró muchos autores. Entre esos autores estaban Gabriel García Márquez, Laura Esquivel, Juan Rulfo… Sin darme cuenta, el realismo mágico se coló en mi escritura y ¡me apasionaba!

Al final, intenté plasmar en mi novela mi propia experiencia de lo real mezclado con la superstición y lo imaginario.

¿Qué parte del proceso creativo de la novela te ha gustado más?

Lo que más disfruté del proceso fue «atar cabos», es decir, la novela iba fluyendo y tenía que estar atenta para mantener el hilo conductor y que todas las situaciones estuvieran conectadas.

¿Te marcaste algún reto mientras escribías este libro?

Como comentaba antes, desde pequeña solo había escrito relatos y me parecía muy difícil escribir algo más largo. Así que el reto era ese, escribir mi primera novela.

El amor juega un papel muy importante en la novela, pero ¿qué lugar ocupa el desamor?

El desamor juega un papel aún más importante que el amor. El desamor es el detonante de toda la historia y de cada una de las historias que la componen…

¿A quién le va a encantar Cuando desaparecimos del mapa?

Cuando desaparecimos del mapa le va a encantar a quien se atreva a perderse en una pequeña aldea laberíntica de casas blancas y azules con unos habitantes muy muy peculiares que viven entre lo real y lo imposible.