Entrevista a María del Carmen Méndez por el lanzamiento de «No me gusta cómo hablas (o más bien no me gustas tú)»

En nuestra colección Tinta Roja siempre os traemos la mejor divulgación lingüística y tratamos de estar a la vanguardia de todo lo que ocurre en el mundo de la lengua. Con el libro que os presentamos hoy no podía ser menos. Este nuevo lanzamiento aborda una de las problemáticas más arraigadas en nuestro país: la discriminación lingüística. María del Carmen Méndez consigue elaborar un ensayo deslumbrante, ameno y a la vez profundo y con un espíritu combativo muy necesario. Si quieres descubrir más acerca de este nuevo título aquí te dejamos una entrevista con la autora:

María del Carmen, eres licenciada en Filología Hispánica y doctora en Lengua española por la Universidad de Vigo y, además, tu trayectoria es brillante: becada en 2008 para trabajar en la Yerevan State University de Armenia, también has podido dedicarte a la investigación y la docencia en países como Rumanía, Ucrania, Irlanda y Japón aparte de ser profesora invitada en las universidades de otros tantos países. Con esta brevísima presentación pretendo situar a los lectores ante una autora que, desde luego, sabe de lo que habla. Tu campo de investigación, la lingüística, es una ciencia social compleja, apasionante y no parca en conflictos y problemáticas. Tu libro, No me gusta como hablas (o más bien no me gustas tú), pretende abordar uno de estos conflictos: el de la discriminación lingüística. Precisamente se trata de un tema de rabiosa actualidad (el adjetivo rabiosa nos viene como anillo al dedo en este caso) y que en nuestro país tenemos muy presente, ¿podrías explicarnos, brevemente, qué es esto de la discriminación lingüística?

Claro. Pongamos como ejemplo nuestra forma de vestir. La gente se viste de un modo que le gusta, con el que se siente bien, se identifica o que le hace sentir parte de un grupo. El resto del mundo observa dicha manera de vestir, les identifica dentro de ese grupo y se construye una opinión: le gusta y quiere asimilarse, entonces se pone lo mismo; le parece horrorosa, curiosa, diferente… y la critica.

Del mismo modo, nuestra forma de hablar o el idioma (o idiomas) que hablamos también forman parte de nuestra identidad y la gente tiene una percepción sobre ello. Hay personas que dejan de hablar como siempre lo han hecho porque reciben burlas o porque les dicen que eso «no es hablar bien»; incluso, hay quien deja de hablar su lengua por vergüenza a que le señalen o identifiquen como algo socialmente no valorado.

Esto es un problema y por eso usamos el término discriminación. Esta surge cuando esa «valoración social» sobre el idioma que hablas o sobre tu forma de hablar se utilizan como armas arrojadizas contra ti. Como hablamos de lenguas y de formas de hablar le ponemos al término «discriminación» el apellido de «lingüística».

Por ejemplo, si hablas inglés, alemán o francés, la gente te dirá muchas cosas positivas. Sin embargo, si dices que estudias gallego o catalán, algunos te dirán que para qué estudias esas «lenguas que no sirven para nada». Tremendo prejuicio. Si te vas a vivir a Cataluña será más útil el catalán que el alemán. Punto. Ponga como se ponga cualquier ultranacionalista de extrema derecha español y «mucho español».

Otro ejemplo. A la vicepresidenta María Jesús Montero le critican mucho su forma de hablar que la identifica como andaluza, pero ¿qué más dará cuál sea su variedad del español? Es una y punto. No hay por qué valorar nada. Se le entiende perfectamente. El resto son críticas banales que buscan atacarla porque alguien piensa que así socavan su autoridad o profesionalidad.

Pensemos ahora también en personas que tienen una forma de hablar español no nativa y que llaman por teléfono para alquilar un piso: puede ser que directamente les digan que el piso ya se ha alquilado porque no quieren ofrecérselo a «extranjeros». La cuestión es que asumen cosas sobre esas personas sin conocerlas ni preguntarles nada más allá: si no suena a lo «bueno» (¿español con dinero?), entonces no interesa. Xenofobia en estado puro.

Como se ve, todas estas situaciones ocurren porque existen unos prejuicios: lenguas útiles versus lenguas «no útiles», formas de hablar prestigiadas versus formas de hablar desprestigiadas, etc.

En suma, como se ve, cualquier rasgo lingüístico puede estar sujeto a una valoración social negativa o positiva. Si en algún caso, debido a estos rasgos, alguien te trata mal, estarás sufriendo discriminación lingüística.

España es un país multicultural con una gran diversidad lingüística que la enriquece y que deberíamos celebrar… Sin embargo, parece que desde las instituciones se intenta censurar, denigrar o degradar el uso de las lenguas que forman nuestro territorio. En tu libro abordas también este sinsentido, ¿por qué crees que se produce?

Bueno, no desde todas las instituciones. Pero es verdad que hay una tendencia muy exagerada a que por un lado algunos digan «no se puede politizar las lenguas»; pero a la vez aseveren que «el español en la única lengua de todos». A ver, un poquito de coherencia por favor. Venimos de donde venimos: una dictadura y una concepción del estado monolítica, monocultural, de una religión única y de ensalzamiento de una «raza». Negarlo es una necedad. Si lo niegas ya tienes ideología: españolista y negacionista de la represión étnica, cultural, política y lingüística que se ha vivido en España.

España es un país plurilingüe y pluricultural; quien lo niega es un supremacista y piensa que su forma de ver el mundo es la única buena y real. ¿Nos suena esto a algo? Pues ojo con caer en lugares que nos llevan a ideologías racistas, fascistas, supremacistas, etc. A veces pienso que hay gente que gobierna que es muy ignorante.

Sería maravilloso que en todas las escuelas se pudiese estudiar las lenguas nacionales y otros idiomas, pero, claro, «no hay horas suficientes», «hay otras materias muy importantes que enseñar», «hay unas lenguas más importantes que otras», etc. Ojo, todo esto son prejuicios también. Si se quisiera, se haría. Por ejemplo, las infantas de España reciben clases de dicción y oratoria; Leonor habla francés, inglés, español fluidamente y tiene nociones de árabe, chino y catalán. Ojalá toda la ciudadanía tuviese esa oportunidad, pero ya sabemos que hay clases y clases.

Algo sobre lo que siempre he reflexionado y que, creo, tu libro también da pie a pensar es que ¿no deberíamos estar, como ciudadanos de un país tan diverso, interesados por conocer las lenguas que nos rodean? ¿No sería interesante que, desde las escuelas, en ciudades como Madrid o Sevilla, por ejemplo, se fomentase el aprendizaje o, al menos, el acercamiento a estas lenguas? Ofreciendo optativas de catalán, euskera… se me ocurre. Es algo que yo, como madrileño que ha estudiado en esta comunidad, nunca he visto y me hubiese encantado poder tener en mi colegio. Pienso que sería una manera de intentar solucionar esta discriminación lingüística desde la educación, ¿qué opinas?

Sería maravilloso como decía antes, pero hay mucha gente mediocre y reaccionaria que gobierna y que piensa que España debe ser de los blancos, cristiana y que solo hable español (y extranjeros si son ricos).

Por otra parte, el neoliberalismo impregna toda decisión política y lo que no es rentable económicamente no se apoya. ¿Desde cuando la cultura debe ser rentable? ¿Qué nos hace más humanos que el arte, la música, el cine…?

Fíjense que la gente más rica tiene más acceso a la cultura de cualquier manera, a muchas más opciones (que lo aprovechen es otro tema). Quien quiere y puede se paga clases de cualquier contenido, incluidos los idiomas. La perpetuación del clasismo y del poder también tiene tentáculos en qué tipo de educación se ofrece y los idiomas que se enseñan en la educación pública gratuita.

No me gusta como hablas es un ensayo directo, claro, entendible, pero que no se anda con rodeos: hay mucha denuncia social e institucional y ejemplos claros y precisos que ponen las cartas sobre la mesa. Esto me parece necesario dado el tiempo que nos ha tocado vivir y escuchando algunas incongruencias por parte de ciertos políticos, como las que cuentas sobre el asturiano que se produjeron en el parlamento de esta región. ¿Lo consideras así? Que deberíamos tener una actitud más combativa frente a todos estos ejemplos de incultura…

Debemos tener una actitud de resistencia, obviamente. Reflexionar mucho, leer mucho, etc., encontrar puntos de equilibrio, pero ante la injusticia y el fascismo no hay opciones de tibieza. Si no estás contra el fascismo, estás dejando que ocurra. Obviamente, no todo el mundo puede pelear todas las luchas, pero es importante escuchar, reflexionar, deconstruirse y sensibilizarse. La perfección no existe, pero ser un necio tampoco es un planazo, o no debería serlo, y nadie debería enrocarse en serlo. Hay mucha persona privilegiada (sea cual sea su privilegio) que tiene mucho miedo a perder su estatus.

De alguna manera relacionada con la pregunta anterior te formulo ahora esta, ¿quién crees que debería leer este libro? Aunque vaya dirigido a un público general… ¿piensas que hay lectores que necesitan esta lectura más que otros?

Bueno, «deber» es una palabra muy fuerte. ¿Qué espero yo? Que lo lea mucha gente: aquella a la que la portada, el tema o los ejemplos le llamen la atención y tenga la intención de dar un salto a la lingüística y pensar mucho. El libro tiene una lectura aumentada mediante códigos QR con entrevistas, reportajes, artículos, vídeos, podcast, canciones… Se puede hacer tan largo casi como se quiera.

Obviamente, cualquier persona que estudie lengua, traducción, literatura, periodismo, etc., debería tener interés en leerlo, pero, en general, cualquiera podría, ya que todo ser humano verbaliza sus experiencias a través de las palabras y vive en sociedad.

Lamentablemente, quien quizás más falta tendría de leerlo, no lo leerá.

De todo lo que expones en tu libro, ¿qué es lo que, como lingüista, más estupor, desconcierto o, incluso, dolor te causa?

La gente que tiene voz pública y dice estupideces a sabiendas por su interés político y personal. Son malas personas. Una cosa es equivocarse o no saber algo y que te pillen en una mala respuesta y otra, mentir descaradamente. Me molesta la maldad y el supremacismo planificado.

Alejándonos un poco del apartado más de denuncia, No me gusta como hablas es un ensayo que funciona casi como un artefacto literario. Se construye a través de la paratextualidad e intertextualidad con varias ilustraciones, memes, viñetas e, incluso, códigos QR que redirigen a videos y otros formatos. ¿Cómo se te ocurrió esta manera de componer el libro?

Exacto. Como decía antes es un tema tan amplio y tiene tantas ramificaciones que mostrar solo mi voz me parecía muy limitado. Hay muchas más personas que han reflexionado sobre estos temas o que han contado sus experiencias de primera mano. Creo que la gente empatiza más con el dolor y la discriminación ajena cuando lo escuchan en la voz de las personas protagonistas.

Por otra parte, los memes en esta época que nos ha tocado vivir son un mecanismo más de comunicación y transmiten información de una manera muy fuerte y visual.

La combinación de todo es fruto de mi intención de ser lo más informativa posible. Una lectura solo de texto hubiera sido, en mi opinión, muy pobre.

¿Fue complicada esta forma de trabajar? Podrías haberte limitado a escribir un ensayo académico más y, sin embargo, hay un esfuerzo por hacer que resulte una lectura divertida, cercana, actual y que dialoga con el presente directo del lector a través de todos estos elementos extrínsecos al propio texto.

No usaría la palabra «complicado». Es que yo soy así. Muchas personas amigas que se han leído el texto para ayudarme a corregirlo me han dicho: «es como escucharte», «lo leo y oigo tu voz». Pues esta soy yo y esta es la ciencia sociolingüística según la entiendo yo: aquella que denuncia las jerarquías ocultas, reflexiona y entiende un fenómeno en su contexto histórico y social y clama contra la discriminación para intentar tener una sociedad mejor.

Dicho esto, es obvio que me ha gustado escribirlo. Me he sentido bien. Lo escribí en ráfagas de inspiración que me surgían como una ola y de repente llenaba seis páginas en una hora. Yo he escrito el libro como doy mis clases. Leyendo mucho y reflexionando sobre temas de actualidad y viendo más allá de nuestras fronteras.

Necesitamos tener más cultura general en un mundo donde mucha gente quiere solo respuestas fáciles y rápidas. Las respuestas de calidad no son ni rápidas ni fáciles. Todo es complejo, hay mucho que analizar, discutir, etc.  

En pocas palabras, son muchos años leyendo y poniendo en orden los pensamientos. Básicamente solo me faltaba ponerlo negro sobre blanco. Todo recurso extra que aparece en las páginas es para enriquecer la lectura. Me daba pena dejar cosas fuera. Esta fue la solución. Espero que guste.

Sin duda, No me gusta como hablas (o más bien no me gustas tú) es un libro que se disfruta enormemente. Pese a tener capítulos que evidencian una profunda injusticia social a través de la lengua y pasajes algo complicados de leer desde un punto de vista emocional… uno sale de este ensayo habiéndoselo pasado muy bien y habiendo aprendido no pocas cosas. Como autora, ¿disfrutaste del proceso de escritura? Pese a la dureza de algunos de los temas tratados… ¿Te lo has pasado bien escribiendo?

Me alegra saber que has disfrutado la lectura. Esa era la idea: acercar la sociolingüística a la gente de una manera amena, divertida y, a la vez, comprometida.

Yo también disfruté mucho, como ya dije antes, pero a veces escribía cuando estaba cabreada, así que ha sido intenso. A veces hasta catártico. He disfrutado cada investigación sobre cada ejemplo, cada tema, cada persona, cada caso.

Yo ya voy pidiendo perdón por aquellos momentos en que me haya pasado de intensa. Quien me lea me sabrá perdonar, espero.

Y por último… ¿Crees que se está trabajando en la dirección correcta para acabar con esta discriminación lingüística? ¿Ves esperanza en la sociedad?

Estamos mucho mejor de lo que estuvimos y ojalá estemos mejorando. El tiempo lo dirá. Este libro y su timing demuestran que la oportunidad está aquí. Sin embargo, queda mucho por decir, mucho por visibilizar, mucho por denunciar. Ojalá que quien tenga poder de decisión lea este libro y resuelva, sea cual sea su autoridad y jurisdicción, cambiar algo, por pequeño que sea. Vamos, si este libro lograse hacer que alguien tomase la iniciativa a nivel administrativo, empresarial, etc. con respecto a cualquiera de los temas tratados, yo ya me puedo morir tranquila.