Entrevista a Mario Díaz por el lanzamiento de «Manta eléctrica»

En la dura soledad de su casa, Mario Díaz escribió lo que meses más tarde se convertiría, casi sin saberlo, en su primer libro publicado. En Manta eléctrica este autor escucha lo que le rodea y se escucha a sí mismo para empezar a sanar una herida. Un corazón que vuelve a latir desde el primer poema.

En la introducción de tu poemario dices que llevas un tiempo evaluando si lo que tienes a día de hoy es lo que querías. ¿Tu primer libro publicado forma parte de esos deseos que se formularon alguna vez? 

Siempre soñé con escribir un libro, pero pensaba que sería una novela, no poesía. La vida siempre te sorprende. Es curioso ver cómo uno de mis objetivos vitales se fue diluyendo en el devenir de las circunstancias de la vida y que, finalmente, volvió a mí de la manera más inesperada. Los deseos, si se trabajan y se piden fuerte, se cumplen, pero no siempre se materializan como pensabas. Es la magia de la vida.

Manta eléctrica también es fruto del rescate de rimas que te han acompañado durante muchos años. ¿Qué se siente al releer y al rescatar algo tan tuyo? 

En realidad, en este poemario solamente hay poemas que escribí durante tres meses. El rescate está en Poesía bonita y que se entiende, la antología anterior que publicamos. Manta eléctrica es el resultado de una catarsis personal que tuvo lugar en la primavera de 2023. Tengo material anterior, pero no sé si son poemas tan buenos como estos, modestia aparte. 

¿Qué es lo que más has disfrutado de todo el proceso creativo hasta ver que Manta eléctrica se hacía realidad? Cuéntanos un momento feliz. 

Tiene dos momentos felices en realidad. Uno es darse cuenta de que la poesía es curativa. Escribir me ha ayudado a superar malos momentos y la poesía es una terapia que todos deberíamos practicar. El segundo es cómo han sido recibidos algunos poemas que he compartido. Es muy emocionante ver cómo mi humilde trabajo conecta con la gente. Suena un poco topicazo, pero no dejo de alucinar con el momento en el que alguien lee algo mío y me dice que se le han saltado las lágrimas. Eso es… DEMASIADO.

Cuando echas la vista atrás y te recuerdas escribiendo estos poemas, ¿cuáles son las primeras imágenes que se te vienen? 

Pues la soledad de mi casa. No son imágenes bonitas precisamente, pero creo que igual cuando te rompes una pierna, tienes que ir a rehabilitación, tomar medicamentos o reposar; cuando se te rompe el corazón tienes que pasar por un proceso duro para recuperarte. La cura duele, pero es necesaria para estar bien.

«A esta rama seca le queda un latido» dices en uno de tus versos. A día de hoy, ¿tiene ese latido un poema escrito? 

Por ahora no, pero estoy seguro de que lo tendrá. Y no solo será un latido.

Sin revelar mucho… ¿Por qué Manta eléctrica

El título tiene origen en una experiencia personal, pero es una anécdota sin más. Es una metáfora de eso que pasa en la vida a veces: necesitas algo desesperadamente, lo que sea, para sentir alivio o calmarte y la persona que lo tiene no le da ningún valor o incluso lo desecha de su vida. De eso va un poco todo.

Los poemas van acompañados de tus propias ilustraciones. ¿En alguno de los casos fue antes la ilustración y luego el poema?

Las ilustraciones siempre fueron posteriores. Primero escribí y, una vez terminados los poemas, se me ocurrió la idea de ilustrarlos. Siempre he dibujado y pensé que estas ilustraciones podrían completar el proceso creativo de la manera que yo tenía en la cabeza. Y que también ayudarían a emocionar al lector.

¿A quién le va a encantar Manta eléctrica

Creo que a todo el mundo. Es sencillo y humilde, hecho desde las tripas. No tiene un público específico porque por el abandono hemos transitado todos. Es muy fácil sentirse identificado con las emociones que muestro en este libro. Por no hablar de que la poesía es un género universal que está presente en nuestra vida en diferentes formas. Tendríamos que leer todos más poesía porque nos da una visión del mundo más completa (y más bonita).