Entrevista a Pablo Sánchez por «Nos lo scusurran les bentos»

Con mucha ilusión os presentamos esta novedad tan especial. Se trata de un libro diferente, original y profundamente trabajado. En Nos lo scusurran les bentos Pablo Sánchez recupera el romance andalusí, una lengua que formó parte de nuestra cultura durante muchos años y que ha sido injustamente olvidada, y la trae a la modernidad a través de un ejercicio de adaptación poética maravilloso. Se trata de un libro de poesía y también de un ensayo de lingüística histórica fascinante y cautivador. Conoce más del autor y de su libro a través de esta entrevista:

Acercarse a tu libro es una experiencia enriquecedora en muchos aspectos, primero estéticamente ya que cada uno de los poemas y cada uno de los versos adaptados destilan una belleza cautivadora; y segundo didácticamente, ya que desde la introducción uno aprende sobre esta lengua romance, el andalusí, y descubre que es apasionante. ¿Podrías contarnos, brevemente, qué es lo mágico de esta lengua y de dónde viene?

Creo que la magia del romance andalusí proviene de su misterio. Es la gran desconocida de todos los idiomas que se han hablado en la península. Cuando relatamos la riqueza del patrimonio andalusí no se cita que eran bilingües y que su otra lengua provenía del latín. Es uno de los primeros romances en documentarse y, precisamente, el primero en el que se compuso poesía. Por desgracia, no se consideraba la lengua de prestigio y cuando llegaron los almohades se extinguió (la extinguieron, para ser más precisos). Sonaba más parecida al italiano y al rumano que a cualquier otro habla de Hispania y era muy conservadora pero, por otro lado, estaba muy influenciada por el árabe lo que la convierte en una lengua única, sin parecido con ninguna otra hija del latín. Como anécdota, cuando Maimónides tuvo que exiliarse en Toledo se quejó de que a los castellanos no había quien los entendiera cuando hablaban.  

Tu libro es un trabajo de arqueología maravilloso que desentierra una parte de nuestra cultura lingüística que ha estado muy maltratada por la historia ¿Por qué crees que ha ocurrido esto? ¿Tiene que ver con eso que comentas en la introducción del auge de los nacionalismos en el siglo XIX? 

Déjame citar al historiador Alfonso Mateo-Sagasta que, en su libro La oposición. Un relato sobre la invención de la historia, lo dice mucho mejor que yo: «El presente no es consecuencia del pasado. Más bien, el modo en que contamos el pasado es consecuencia del presente». Dicho de otro modo, reflejamos al yo del presente en el yo del pasado porque no somos lo que somos, sino lo que decimos ser. Por eso, en el siglo XIX no se quisieron reflejar en el pasado andalusí, sino en los reinos del norte porque les gustaba más reflejarse en conquistadores cristianos. Enarbolaron que España era cristiana, de tradición clásica y derecho romano porque se veían a si mismos así y lo proyectaron en el pasado. Sin embargo, en Al-Andalus había cristianos, se hablaba una lengua romance y se mantuvo el derecho romano. Federico Corriente decía que Al-Andalus era la «romanía arábiga». Sin embargo, eso parece que no cuenta. Seguramente si la conciencia nacional hubiera nacido hoy, siglo XXI, los mitos fundacionales hubieran sido otros porque nos gusta vernos a nosotros mismos ya de otra manera.

¿Por qué es necesario poner en valor toda esta parte «escondida» de nuestra cultura? 

Porque la cultura siempre es cultura. Al igual que desenterramos un teatro romano que se ha encontrado bajo el suelo, descubrir (o redescubrir) que hay una lengua perdida que, si hubiéramos nacido hace 1000 años sería seguramente la que hablaríamos, es algo que difícilmente no interesará. Esa es, precisamente, la gran paradoja del romance andalusí. Fue la lengua romance mayoritaria en su momento. Cuando el castellano, el catalán o el gallego apenas tenían parlantes la mayor parte de la península hablaba la lengua de Al-Andalus. Sin embargo, es la única heredera del latín hispánico que ha desaparecido. Y el castellano, que era minoritario, hoy es la segunda lengua más hablada del planeta. La historia es así de caprichosa. 

Frente a la idea de la Reconquista tu libro reivindica, a través de la lengua y el arte, la gran influencia árabe que tenemos. ¿Es mayor esta influencia de lo que pensamos, o de lo que nos han hecho pensar?

Es una pregunta muy compleja a la que no se puede dar una respuesta tajante. En Galicia la influencia del periodo andalusí es pequeña, sin embargo no hay más que darse un paseo por cualquier pueblo andaluz para ver en sus calles y arquitectura la huella y legado de Al-Andalus. Por otra parte, sí hay un aspecto importantísimo de lo español que se lo debemos a los andalusíes. Y, además, es de lo que más nos enorgullecemos los españoles: nuestra gastronomía. Pues, precisamente, puede que esa sea la herencia más clara y definitiva de Al-Andalus en la España actual. Tanto que el divulgador Daniel Valdivieso dice que le llamamos «dieta mediterránea» cuando podríamos llamarla igualmente «dieta omeya». Y, no lo olvidemos, somos lo que comemos.

La primera parte del libro está dedicada a composiciones métricas propias de la poesía andalusí, ¿cuál es la que, personalmente, te gusta más o más te ha interesado al estudiarla?

Creo que, por su importancia, el zéjel. No solo fue una creación andalusí, sino que salió de sus fronteras físicas y temporales. Todo el mundo araboparlante adoptó su forma poética y no solo eso, también sobrevivió a la conquista castellana. Durante el Siglo de Oro los más grandes literatos, como Lope de Vega, crearon lírica en una tipología que había nacido en Al-Andalus. Sin embargo, la que más he disfrutado por lo endiabladamente difícil que me resultó fue la macama, que es un texto en prosa rimada. 

Y en la segunda parte adaptas directamente formas castellanas a esta lengua romance e, incluso, una japonesa, el haiku. ¿Cómo ha sido la experiencia de transformar una composición, en apariencia tan alejada de nuestra tradición,  al andalusí?

Pues me ha parecido un poco un acto de justicia poética, y nunca mejor dicho. El romance andalusí vio nacer la lírica en el mundo latino y, sin embargo, no le dejaron continuar. De haber sobrevivido a Al-Andalus, con toda la influencia que venía de Europa, se habrían realizado sonetos, romances, cuartetas etc. Escribirlas ahora es un homenaje a una lengua a la que no se le dejó hacerlo en su momento.

¿Cuáles han sido las principales dificultades a las que te has enfrentado a la hora de escribir este libro?

No soy hablante nativo, nadie lo es ya. Es una lengua que he estudiado y aprendido, pero no la domino de cabeza. Seguramente un hispano del siglo XII habría compuesto los mismos poemas de una manera más orgánica. Sin embargo, me sorprendió la respuesta que tuvo entre colegas y contactos que se lanzaron a escribir en romance andalusí en cuanto supieron del proyecto. El escritor riojano Jon Aundi me dijo que había descubierto una lengua que parecía creada para la poesía, que nunca se había planteado ejercitarla hasta que descubrió el romance andalusí. ¡Ahora está escribiendo un cantar de gesta, nada más y nada menos! Así que debe ser cierto que es un idioma en el que escribir poesía sale de manera natural.

Y ¿qué esperas que aprenda, o que saque en claro el lector, tras la lectura de Nos lo scusurran les bentos? A parte de una experiencia estética maravillosa.

Si disfruta del libro ya para mí es recompensa suficiente. Si después de eso se le despierta el gusanillo y se interesa más por saber de Al-Andalus y de su lengua latina, no podré estar más satisfecho. Pero como encima se inspire para escribir algo en romance andalusí, ahí ya seré el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.