Entrevista a María Méndez, autora de No me gusta cómo hablas, en La Voz de Galicia por Ángel Paniagua
Gilipollas, con perdón, es el insulto de una sola palabra que utilizan con más frecuencia los hablantes del español. Así lo certifica una divertida investigación académica que la profesora María Méndez Santos (1982), de la Facultad de Filología de la Universidad de Vigo, hizo con Jon Andoni Duñabeitia (Nebrija) y Aarón Pérez Bernabeu (Alicante). El trabajo Rata de dos patas: análisis de insultos en el español de España en el siglo XXI, publicado el año pasado, incluye un ránking de los insultos más usados. Pero también propone una reflexión que trasciende la anécdota. «Cuando insultas de una manera estás transmitiendo unos valores sociales, porque insultas con algo que es negativo», expone la profesora, «ahora nadie llamaría maricón a otra persona salvo que sea un homófobo o que sea parte del colectivo (y entonces es otra cosa)».
Méndez apunta a un clásico de este submundo de las palabras que sirven para herir: «Hijo de puta. Ahora hay una reflexión, que es proponer alternativas, por ejemplo, hijo de putero; pero esto es una reflexión que la sociedad tiene que hacer». Ella reconoce que de entrada no le sale, pero que trata de educarse. «Hay que construir ciudadanía y, para ello, construir valores es importante», advierte.
Lo hace a través de las palabras, que transmiten una potente carga ideológica. María Méndez lleva veinte años como profesora universitaria. Se formó en Vigo y después vivió en distintas ciudades, también en el extranjero (Japón, Ucrania, Rumanía, Armenia, Irlanda…). Ha tratado de aprender siempre un poco del idioma local. Y sí, ella, como gran parte de los profesores, constata que hay aspectos lingüísticos que han ido a peor con el paso de los años. Como la ortografía. Pero ahora lo ve de otra manera. «Hace veinte años quizás me dedicaba más a corregir, pero ahora me digo: ‘‘¿De qué sirve?’’. Prefiero que piensen». Le sorprende que a sus alumnos, filólogos en potencia, apenas les preocupe la ortografía. Pero advierte: «Cuado te valoran por tu ortografía, hay gente que piensa que eres tonto, pero una falta de ortografía no dice nada sobre tu valor moral, sobre tu calidad como persona».
Por eso, la conversación con la profesora va caminando hacia otros lugares. El porqué de las palabras. Los valores que se transmiten. La sociedad que se construye. Es algo que trata en su libro No me gusta cómo hablas (o más bien no me gustas tú) (Editorial Pie de Página), que presentó en la última Feria del Libro de Madrid. «Profundizo en la discriminación, en que no te contraten por una falta de ortografía o por tu nombre o por tu forma de hablar».
Es algo que ha documentado. Un grupo que dirigía creó un personaje y todas lo interpretaban. Era una mujer joven, funcionaria con plaza en propiedad recién obtenida (profesora de secundaria), sola, sin perro y no fumadora. Cambiaba un matiz: cada una tenía un nombre y un acento. Llamaron a anuncios de alquiler de pisos en distintas ciudades. «A la que tenía un nombre árabe le decían: ‘‘¿Pero tú estás segura de que vas a poder pagar el alquiler?’’. Esa pregunta nunca se la hicieron a la que se llamaba María». Añade: «La alemana no tenía problemas. A la italiana le preguntaban si les iba a cocinar pasta…». Un detalle: las mujeres nunca revelaban su origen. «¡Se lo imaginaba la gente!», explica Méndez, «era una discriminación por el acento».
Por eso, de manera indirecta, vuelve a la ortografía y a las prioridades docentes. «Quiero que mis alumnas no sean malas personas, sino que tengan conciencia crítica», dice. De ahí viene el título de la obra, No me gusta cómo hablas: «Cuando alguien te dice que no le gusta cómo hablas, cuando te critica por tu forma de hablar o te corrige gratuitamente, lo que está haciendo es socavarte», reflexiona.
María Méndez acaba de publicar otra obra, con Ana Varela y Susana Rodríguez. Se trata de Voces de mujeres. 100 voces, 100 vidas. 100 historias compartidas(UVigo). Son mujeres hablando, reflexionando lo que significa pertenecer al sexo femenino en Corea o en Irán, exponiendo sus vivencias sobre el feminismo, la menopausia o la maternidad. Mujeres que tienen voz. De nuevo, las palabras y los valores.
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