Nos pone la diversidad (bueno, a decir verdad, a algunas personas les pone, sí, pero de los nervios). Son muchos los que afirman sentirse cómodos con ella. Hasta que llegamos al terreno de las lenguas, que ahí, ya, la cosa cambia.
La uniformidad acaba degenerando, en no pocas ocasiones, en el nacimiento de prejuicios de todo tipo. Desde raciales hasta lingüísticos. Y de estos últimos se ocupa María Méndez Santos, profesora de Lengua Española en la Universidad de Vigo, que ha publicado el ensayo No me gusta cómo hablas (o más bien no me gustas tú) (Pie de Página, 2024).