Belcarba no cree en los muertos

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¿Qué lleva a una persona a coger una carretera casi abandonada para llegar a un lugar que ya no figura en ningún mapa? Tras su breve encuentro con un vecino aparecido no se sabe muy bien de dónde, la viajera inicia su paseo por las calles de un pueblo que parece abandonado. Pero Belcarba es un lugar insólito, habitado por personas extraordinarias que no saben que lo son: Amparo puede leer con las manos los secretos de sus vecinos que quedan impresos en todo lo que tocan. Concha tiene el don de hablar con los difuntos. El suelo tiembla cuando Antón y Leonor hacen el amor… En Belcarba el tiempo parece no existir. O quizá solo transcurra de una manera diferente. Aquí todo es normal a fuerza de ser surrealista e irreverente, y el cementerio no es un lugar lúgubre al que ir a llorar. ¿Será por eso por lo que Belcarba no cree en los muertos?

Mariángeles García González (Madrid, 1969) es filóloga de formación (se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid) y periodista de profesión, aunque esta última faceta la define como «accidental». Ha pasado por varios medios de comunicación, donde ha trabajado como documentalista y editora de textos, hasta que dio el salto a la redacción de Yorokobu, una revista que habla de creatividad, diseño y buenas ideas, y en la que escribe actualmente. En 2018 ganó el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, que concede la Asociación de Prensa de Valladolid, por la serie de artículos sobre lengua y ortografía española titulada Relatos ortográficos, que publica en Yorokobu desde el año2013. En 2019 recopiló todos los artículos publicados hasta la fecha en el volumen Relatos ortográficos. Cómo echarle cuento a la norma lingüística, publicado por Pie de Página. Cuatro años más tarde, en 2023, ha publicado una nueva recopilación de estos artículos titulada Más relatos ortográficos y alguna que otra conversación, en la misma editorial. Belcarba no cree en los muertos es su primer libro de relatos de ficción en el que la lengua, simplemente, es su herramienta y no objeto de estudio. «¿Que padezco el síndrome del impostor debe aparecer en una bío?», se pregunta sin obtener respuesta.

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