Reseña de «Río cicatriz» por el psicólogo Alejandro Ávila

En la cita de Eloy Tizón que prologa el libro se dice: «Si escribo que puedo volar, entonces —y solo entonces— comienzo a sentir el viento bajo mis alas» (p. 11). Pongamos pues en palabras lo que queremos vivir, de nuevo. Antes quizás ha sido soñado, o no fue posible ni en sueños.


Esta obra nos permite vivir con su autora pasajes reales e imaginarios de una narrativa de vida; vida reconstruida, vida imaginada, vida por vivir en el sueño de la escritora, vida propia. Escribiendo somos. Narrando construimos, o más bien reconstruimos experiencias, subjetividad. Transmitimos lo que —aun con dificultad— puede ser puesto en palabra escrita, en emoción sentida más que pensada.

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