«Río cicatriz», entrevista a María José Beltrán

«El dolor y la vida son hermanos gemelos, los han parido a la vez. Se complementan como el río y su herida».

¿De dónde viene el título de la novela?

El punto de partida es una frase de la novela. Está insertada en el siguiente párrafo:

Alguien –un hombre delgado y melenudo, la piel quemada por el sol- ha cercado una zona de la playa, y con cantos rodados pespuntea lo que parece el contorno de un vestido de mujer. El escote es de barca. Una cicatriz -¿o es un río?- colmata la hendidura de una gran ese (: S) que discurre a través del pecho, forma un meandro en el ombligo –lo esquiva-, se restriega por la ingle, y se dirige al mar. Río cicatriz.

Un río puede estar lleno de vida, pero para abrirse camino, ha tenido que cavar una zanja en la tierra. El dolor y la vida son hermanos gemelos, los han parido a la vez. Se complementan como el río y su herida. Marina, personaje principal de Río cicatriz, quiere vivir y vive, aunque también la recorra un surco. Hay un paralelismo ahí. Es esperanzador que, aún traspasados, deseemos derrochar amor y peces.

Marina, la profesora de matemáticas protagonista de la novela, es también la reportera y escritora Priscilla Thomas. ¿Por qué utiliza Marina ese pseudónimo para escribir?

El nombre se me ocurrió de repente. Como en un flash. Me sucede a menudo, es también el caso de Charles K. o el de Nicolette Ruiz. Analizándolo ahora, pienso que quizás pensé en Priscilla Thomas por contraste con Marina Servet, que es un nombre mediterráneo, muy de aquí, de casa. Priscilla Thomas, en cambio, tiene origen anglosajón, nos es ajeno, distante, ¿experimental?; suena a editores que no te hacen caso ni te entienden; con un eco a jefe que te quiere quitar la silla ergonómica y dársela a la becaria.

¿Quién es Frank y qué papel ocupa en la novela?

Cuando Marina y Frank eran muy jóvenes, él murió de manera fulminante y trágica. Mientras el entorno profesional y familiar de Marina puede, en principio, conocerse y acceder a él, Frank es un ser imaginario que sigue formando parte, después de haber fallecido, del mundo más íntimo y emocional de Marina. 

Por otra parte, Frank es un personaje pegado a Marina, fundamental para conocerla, y que, junto al relato Monasterio, permite estructurar la obra. 

Ya habías publicado antes un libro de relatos, Lo llamaré frontera (Relee, 2018) ¿Cómo ha sido el salto del relato a la novela?

No ha sido tan difícil como siempre imaginé. En principio, Río cicatriz iba a ser un libro de relatos. Los personajes eran los mismos en cada relato y los escribí en alrededor de unos seis meses en el taller de «Reparación de relatos» de Eloy Tizón. Fue él quién me dijo que lo que estaba escribiendo podría convertirse en una novela. A partir de entonces, el libro ha cambiado bastante, pero se gestó en ese taller de escritura.

De todos modos, no has dejado atrás del todo el relato: Río cicatriz convive con un relato, Monasterio, que se intercala con la narración principal. ¿Qué lugar ocupa Monasterio en la novela? ¿De dónde viene el título? 

El proceso de construcción del relato Monasterio ayuda a estructurar la novela, y sus nueve capítulos son esenciales para darle forma. Si pensamos en la novela como un río, las nueve partes del relato Monasterio, serían sus afluentes.

El título del relato iba a ser Catedral. Este es el párrafo de la novela en el que Marina trata esta cuestión:

Más adelante, decidí que lo titularía Catedral –me resulta sugerente-, que iba a ser también el nombre de la ópera compuesta por la protagonista, Savannah. Y la ópera –se sabe- es la catedral del canto. Pero la palabra Catedral está tan relacionada con la obra de Raymond Carver que no tuve más remedio que descartarla.

Monasterio no fue la primera opción para el título del relato, pero me gusta y ahora no puedo pensar en ningún otro. Por sus cualidades de espiritualidad y recogimiento, supera a una catedral. Y, por otra parte, un monasterio es algo grandioso también, como una ópera.

Mientras escribías, comenzaste un dibujo con la estructura de la novela. ¿Podrías compartirlo? 

Claro que sí, con gusto. 

Este es el dibujo original de la novela río con sus afluentes, que se corresponden con los capítulos del relato Monasterio, y sus dos arroyos, que representan los anexos. Más adelante, en el proceso de edición, trasladamos los anexos al final de la novela.

¿Qué importancia juegan la memoria, el duelo y el amor en Río cicatriz?

La memoria nutre a Marina con sus raíces tempranas, como el lugar del que proviene, el padre; la memoria guarda su infancia, su primera juventud enquistada, el reloj que se para en una estación de tren. Está la memoria de la felicidad. La felicidad es pasado siempre y queda en la memoria. La memoria es energía y acompañamiento. Marina quedó emocionalmente paralizada cuando Frank murió. Siente como una fuerza casi electromagnética, que le impide separarse y aceptar que él ya no está. La incapacidad para elaborar el duelo marca la trama de Río cicatriz. Por eso existe el fantasma, el personaje imaginario Frank.  El amor de Marina por los hijos, por su profesión, hacia la naturaleza y las artes, está representado en diferentes secciones de la novela, pero la intimidad y el amor pleno y feliz con una pareja real no es posible en el microcosmos de Marina. En ese sentido, ella solo ha podido relacionarse con Frank. 

Entre los muchos libros y citas de autores que aparecen en la novela hay una de Kafka que dice que un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. ¿Es Río cicatriz esa hacha?

Sería lo máximo a lo que yo podría aspirar. Pero para saberlo y responder a la pregunta hay que estar ahí, en el alma del lector; hay que pertenecer a ese mar.

¿A quién recomendarías tu libro, tu hacha?

A quien le interesen los libros que hay que paladear, en los que hay que detenerse y reflexionar, así como los temas relacionados con el amor, el duelo, los seres imaginarios o el arte (el cine, la literatura y la pintura). A lo largo de la novela abundan las imágenes, la metaliteratura y la prosa poética, y la naturaleza juega un papel esencial: con su poderoso influjo, es también el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros.

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